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lunes, 23 de febrero de 2026

Garmendia y el caso de las amenazas.


 


 

La casa de Agustina Velez era antigua, pero se veía bien conservada. Su dueña los recibió con una sonrisa. Los recuerdos afloraron con emoción para Garmendia, esa casa, esa mujer, le recordaron momentos felices de su niñez, la madre de Garmendia y Agustina Velez habían sido muy amigas.

 

-Mi querido Pedro cuantos años sin verte…

Y con esa frase lo abrazó con ganas. Carmona observaba la escena sin decir nada y esperando que Garmendia lo presentara.

-Agus te presento a mi compañero Carmona.

Carmona se acercó amablemente y estampó un beso en la mejilla de la anciana, quien los tomó a cada uno del brazo y con voz angustiada dijo;

-Ay Pedro que días difíciles estoy viviendo, alguien me acosa con amenazas y no sé cuál es el motivo.

Los soltó, quedó frente a ellos, estrujaba sus manos, y al ir recordando las situaciones vividas se le llenaban los ojos de lágrimas.

-Mejor vamos a la cocina y les preparo un cafecito.

En ese momento entró una mujer, tendría unos cuarenta años, sonriente les dijo;

-Soy Lula, acompañante de la señora Agustina, yo me voy a encargar del café.

-Vamos a la cocina, es más cómoda y cálida – dijo la anciana.

Tomaron asiento alrededor de la mesa. Mientras Lula preparaba el café, Agustina les relató su problema;

-Desde hace poco más de un mes recibo amenazas, papeles pegados en la puerta de entrada – hizo silencio tratando de tranquilizar la angustia que la dominaba- mensajes a mi celular, ayer arrojaron una piedra que rompió el vidrio de mi cuarto, venia envuelta en un papel…

Se puso de pie y fue hasta un mueble, sacó una caja y la puso sobre la mesa, dentro estaban los papeles con las amenazas, todos eran iguales, de color blanco sin rayas.

-Aparte me llaman a cualquier hora, dos o tres de la mañana y siempre dicen lo mismo, me acusan de asesina y que voy a pagar el horrendo crimen que cometí…hace unos días fui a visitar a mi amiga Ana que vive enfrente, era de noche y al cruzar miré muy bien, la calle estaba vacía, de pronto un auto que estaba estacionado apareció de golpe e intentó atropellarme, no sé cómo lo hice pero corrí hasta alcanzar la vereda, él subió sobre el césped y me salvó el árbol que lo detuvo, salió a gran velocidad y se perdió calle arriba.

Ya no aguantó más y se largó a llorar. Lula sirvió el café, se acercó y abrazó a Agustina.

-Tranquila Agustina -dijo Garmendia poniéndose de pie y apoyando su mano en el hombro de la anciana- tenés idea de quién puede amenazarte, alguien con quién hayas tenido problemas…tal vez, acusaste a un tipo en tus tiempos de abogada y lo mandaste a la cárcel…

-No, hace casi veinte años que no ejerzo mi cargo, abandoné todo por mis problemas de salud, el estrés que me producía afectó mi corazón y debí elegir, el trabajo o mi salud…

Garmendia asintió a las palabras de Agustina.

-Me voy a llevar la caja, vamos a analizar el caso.

Salieron acompañados de Lula, ya en la puerta le preguntó:

-¿Hace mucho que trabaja con Agustina?

Con una voz que no admitía replica respondió:

-Un  año, ¿qué pasa me considera sospechosa?

-Que susceptible que es usted, el motivo de mi pregunta es otro, puede que Agustina imagine o invente ella misma esas amenazas, usted está todo el día y pudo notar detalles importantes.

Lula se puso roja, con un cambio de voz respondió:

-Me parece una persona muy tranquila, pero es cierto que los llamados y los papeles los pegan por la noche, yo me retiro a las 8;00pm después de servirle la cena y dejar la cocina limpia, no sé quién puede ser....

 

Los investigadores analizaron los papeles, no había huellas, habían usado guantes.

Al día siguiente volvieron a ver a Agustina, las preguntas giraron en torno a su tiempo de abogada, nada importante recordaba, fue necesario visitar al abogado Mancuso, jefe del estudio en que Agustina trabajó durante treinta años. Las palabras del abogado fueron justas:  la mayoría de los casos se extinguieron por haber transcurrido cierto período de tiempo, especialmente un plazo legal previsto por ley, casi todos los protagonistas ya no existen.

 -No creo que nadie tenga alguna bronca almacenada contra Agustina – respondió.

Salieron desilusionados, fueron al bar del gallego, tal vez unas cervecitas les aclararan los sentidos. Mientras bebía, Garmendia recibió un llamado de Mancuso.

“He recordado que hace cuatro años Agustina manejaba su coche y atropelló a un adolescente que cruzó la calle con luz roja, ella frenó, pero el golpe provocó una caída, eso hizo que la cabeza del joven   golpeara contra el cordón de la vereda y su muerte fue instantánea, una desgracia, Agustina quedó absuelta, pero los padres intentaron atacarla cuando salía del juicio, recuerdo que la madre  gritaba como poseída; ¡¡Asesina, lo vas a pagar!! Luego del juicio no volvimos a tener noticias de ellos, creo que se separaron.”

Garmendia pidió los nombres de la pareja y su dirección.

Sus nombres era Juana y Enrique Montiel, a dirección era en Villa Devoto, allá fueron.

-Ya no viven aquí -les dijo el portero del edificio- se separaron después de la muerte del hijo, ella quedó alterada, peleaba con todos los vecinos y al marido lo volvía loco, era rara desde siempre y después de la desgracia vivida, fue peor...

-¿No dejaron la nueva dirección? - preguntó Carmona.

-No, él hombre quedó un tiempo en el departamento y luego se mudó a Mendoza donde viven sus padres, ella no sé, desapareció de un día para otro.

-¿No tenían amigos o parientes?

-No conocí a nadie, puede que la señora Aguirre, la del 5° piso, sepa algo, ellas eran amigas.

Subieron al 5°piso. Explicaron que buscaban a la señora Montiel, la mujer los miró por la mirilla con desconfianza, Garmendia mostró su placa policial, abrió la puerta y los atendió sin hacerlos pasar.

-Juanita se fue sin avisarme, nunca me dijo que pensaba mudarse, estaba mal después de la pérdida de su hijo, quería vengarse de la mujer que manejaba el coche, es de lo único que hablaba.

Salieron del edificio amargados y sin pista que los ayudara, pero algo sonaba en la cabeza de Garmendia y no le encontraba la punta al hilo de semejante ovillo.

-Tengo el pálpito que esa mujer es la culpable del ataque y las amenazas…-dijo Pedro.

-Puede que tengas razón, pero ¿cómo encontrarla?

-Vamos a buscar en internet y en el archivo policial.

Carmona fue al archivo y se encargó de la búsqueda, Garmendia según dijo desapareció tras una corazonada.

Era el final de la tarde cuando Pedro regresó a la oficina, Carmona se estaba preparando para irse, la cara de Garmendia le sugirió que algo bueno había encontrado en su corazonada de visitar el archivo de Clarin.

-En los diarios de dos años atrás, encontré imágenes del juicio, allí descubrí esta joyita -dijo Garmendia mientras desparramaba sobre la mesa varias fotocopias.

Carmona las observó con calma, de pronto separó dos, que lo dejaron con la boca abierta, miró a Pedro y le dijo:

-¡Es la madre del pibe, insultando a Agustina...!

-Vamos, todavía hay tiempo.

Subieron al coche y en pocos minutos llegaron a la casa de Agustina. Les abrió la señora Lula ya lista para irse.

-Qué suerte que la encontramos Lula, queríamos hablar con usted.

Ella los miró asombrada, pasaron los tres, Agustina se acercó sorprendida de verlos a esa hora.

-Siéntese Agustina -dijo Garmendia- usted también señora Lula- Pedro la miraba con gesto hosco.

Lula comprendió y sin replicar tomo asiento. Garmendia sacó las fotocopias de una carpeta y las entregó a Lula.

-¿Qué puede decirme señora?

No respondió. Lo miró desafiante, luego dirigió su mirada a la anciana que los contemplaba a todos sin entender que pasaba.

-Usted es una asesina señora Agustina Velez -dijo Lula-faltó poco para que le hiciera pagar por la vida de mi hijo, ojo por ojo, vida por vida, quería que sufriera, que el miedo la acosara día y noche, pero estos entrometidos derrumbaron mis planes,

La miró con tal odio que Agustina bajó los ojos, luego con voz apenas audible le dijo:

-Fue un accidente, el chico cruzó con el semáforo en rojo y yo no logré frenar a tiempo, hay noches que no logró dormir, la escena de ese día aparece una y otra vez.

-¡No voy a cambiar de idea, usted es una asesina! – los ojos de Lula chispeaban de odio.

Carmona le respondió:

-Creo que usted es la asesina señora Lula, usted preparó, con total alevosía quitar la vida de  Agustina, mientras que la muerte de su hijo fue un accidente, una desgracia por imprudencia.

Garmendia llamó al 911.

Luego que el móvil policial se llevara a Juana Montiel, alias Lula, Agustina entre lágrimas le dijo a Garmendia:

-No voy a acusarla de nada, es una pobre mujer que ha perdido lo mejor de su vida, su hijo y la paz, ya ha sufrido demasiado…

-Está bien Agustina, pero nuestro deber es detenerla, necesita ayuda psiquiátrica y la decisión final no es tuya ni mía, es del juez,