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domingo, 17 de mayo de 2026

La fiscal y los detectives.


 

La presencia de la fiscal Flores en su oficina le cortó la respiración a Garmendia. Hacía dos semanas que una tonta discusión los había separado y ahora al verla frente a él tan bonita y con una tristeza profunda en sus ojos oscuros le ganó la ternura y quedó mudo, sin saber que decir.

Fue ella la que habló:

—Pedro estoy desesperada, nuevamente me amenazan y no sé quién es…

La abrazó, apenas pudo susurrar unas palabras para que se tranquilizara, el contacto con su cuerpo hizo que olvidara su enojo y solo pensó en quedarse así disfrutando su perfume y el placer de sentirla tan cerca. En ese momento entró Carmona, se detuvo en la puerta sorprendido, sonrió y dijo:

—Mejor me voy del gallego a tomar una cerveza…

Ya se alejaba cuando Emma le dijo que no se vaya.

—Por favor, Carmona, los necesito a los dos, tengo miedo, volvieron las amenazas y esta vez no vienen desde la cárcel.

—¿Qué es lo que recibís, email, celular…?

—Email, los profesionales de la policía investigaron desde dónde llegan y no logran descubrirlo, los mandan, posiblemente de diferentes centros de internet o algún ciber café, por favor, tengo la boca seca...

Tomaron asiento, Garmendia le sirvió un vaso de agua que ella bebió con desesperación, ya más calma les dijo:

—Las amenazas no se limitan con los mensajes, hay un coche que me sigue, no tiene chapa, aparece y cuando un móvil policial se acerca, se pierde en alguna calle con una rapidez increible, ya sucedió tres veces y lo han seguido, se les escapa, es más veloz que los coches policiales.

—¿Qué dicen los emails que mandan?

—Qué deje del caso de los Ramallo, son dos hermanos acusados de matar al presidente de una empresa agrícola, están muy comprometidos y tienen a los dos mejores abogados del estudio Sanguinetti, tengo miedo, alguien entró en casa de mi madre cuando ella había salido y al regresar encontró está carta…

Les entregó una hoja doblada en la que decía:

“Sabemos todos los movimientos de su hija, que se cuide y deje el caso Ramallo”.

—Mi madre me llamó en seguida y le dije que avisara a la policía, ahora hay custodia en su puerta y ella se fue a Montevideo a casa de su hermana.

Emma quedó en silencio y al fin dijo:

—No voy a dejar el caso de los Ramallo, son dos asesinos, este no es el primer caso en que están acusados por un crimen —bebió agua y siguió— hace unos años zafaron de una perpetua porque los mismos abogados que hoy los defienden los sacaron en libertad, esos cuervos son tan malditos como los hermanos Ramallo.

—¿Cómo los sacaron libres...?

—No lo sé, las pruebas eran contundentes pero los jueces no se pusieron de acuerdo y salieron en libertad, hoy buscan hacer lo mismo, posiblemente las mismas amenazas que hoy me aterran a mí, se las hicieron al fiscal y a los jueces de aquel caso.

—¿Cómo fue el caso del que hoy los acusan, debes estar cerca con tus investigaciones para que te amenacen así?

—Entraron dos encapuchados en la casa de Pérez García, el tipo estaba hablando con un amigo en el parque de su casa y lo balearon… al otro nada le hicieron, se fueron tranquilamente en su auto, las cámaras de la casa: apagadas y el guardia tenía el día libre por enfermedad, todo muy bien organizado.

—¿Otras cámaras en el barrio? —preguntó Pedro.

—No hay, es un barrio tranquilo, no viven ricachones, salvo Pérez García esa era su casa familiar, nunca se quiso mudar y vivía solo.

Emma se había serenado. Garmendia le ofreció que se quedara en su departamento y ella aceptó.

Garmendia y Carmona estudiaron el caso, buscaron la ayuda del “tarta”, un soplón que siempre colaboraba con ellos, días más tarde les trajo la novedad que Pérez García tenía una deuda de juego importante con un prestamista conocido, lo llaman Lolo y es una mala persona, no le crean, de todo lo que les diga —les dijo— solo la cuarta parte es cierta.

Lo visitaron, resultó ser un tipo alto, flaco y con cara de cuervo, algo en él mostraba una maldad fría y disimulada tras la sonrisa que no llegaba a sus ojos.

“Al tipo lo conocí —les dijo— me debía varios miles de dólares desde hace mucho tiempo, pero de ahí a matarlo; no, busquen por otro lado —el prestamista sonrió con burla— en la empresa de la que es presidente hizo varios desfalcos y se los perdonaron…los devolvió, tal vez lo hizo de nuevo.”

Fueron a la empresa agrícola, los atendió un gerente que no quiso hablar mucho, solo dijo que Pérez García, en 2020 había realizado compras que no existían, se guardaba el valor de las facturas y lo descubrieron, los dueños de la avícola no quisieron denunciarlo, saldó su deuda y lo perdonaron. No volvió a tener problemas con la empresa.

Entre Emma, Garmendia y Carmona no encontraban la punta del ovillo que acusara a los hermanos Ramallo.

— ¿Por qué detuvieron a los Ramallo si no hay pruebas de que fueron ellos? —preguntó Carmona.

—Si las hay, manejan un Mercedes rojo que estuvo estacionado en la puerta de Pérez García en la hora que el forense calculó su muerte —respondió Emma.

—¿Quién lo vio?

—Un vecino, no puedo dar su nombre, le prometí reserva, después que declaró, desapareció, se escondió por miedo.

—¿Y el amigo de García que estaba conversando con él?

—Dice no saber nada, fue todo muy rápido, entraron encapuchados, lo balearon y se fueron, estaba tan aterrorizado que se le hizo una laguna en su memoria.

Los detectives fueron a visitar el barrio, la casa de Pérez García estaba cerrada y con un policía en la puerta, mientras ellos caminaban observando si había cámaras en las casas vecinas, un coche a gran velocidad subió a la vereda con intención de atropellarlos, los buenos reflejos y un salto en el momento justo los salvó, quedaron caídos sobre el cerco de ligustrina de una casa.

—Estos tipos no se andan con chiquitas —exclamó Garmendia.

—Nos están siguiendo, ya se enteraron de que colaboramos con la fiscal, dentro del juzgado hay más soplones que afuera —exclamó Pedro con rabia.

El juicio se acercaba y las pruebas contra los Ramallo no aparecían, La fiscal Suárez estaba desesperada.

—Van a quedar libres nuevamente —exclamó— ¡Puede ser que el único testigo haya desaparecido!

—¿Quién era? — preguntó Carmona y miró a Emma— sino sabemos nunca lo vamos a encontrar.

—Le prometí que no daría su nombre.

La cara de Carmona estaba tensa cuando le dijo:

—Pero nosotros estamos investigando, ¿o crees que jugamos?

Emma comprendió que ocultando el nombre del testigo no ganaba nada, solo cerraba una puerta para que los detectives trabajen.

—Es Tao el chino del supermercado de la esquina, el vio el Mercedes rojo y a dos jóvenes salir y sacarse la capucha antes de subir al Mercedes.

Carmona fue solo al supermercado, preguntó por Tao y nadie sabía nada de él. Al salir observó con tranquilidad los detalles de la esquina, su paciencia dio resultado sobre el cartel de propaganda dos cámaras pequeñas, una en cada ángulo, se movían en media luna filmando la calle. ¿Por qué las negaron? ¿Cómo nadie las vio?  Sé preguntó, parece que muchos intentan que el caso quede impune.

Con una orden judicial los chinos entregaron la grabación, en la filmación la imagen del Mercedes rojo fue notable, se veía a los dos hermanos saliendo de la casa de Pérez García sacándose las máscaras y subiendo al coche que salió a toda velocidad.

La filmación dejó en claro que los hermanos Ramallo, estuvieron en la casa y salieron sin que nadie los molestara. Está vez sus importantes abogados no lograron sacarlos libres.

Una vez acusados y ante las pruebas, los Ramallo declararon quién los había contratado, el autor intelectual del crimen, resultó ser el prestamista Lolo, el presidente de la empresa avícola le debía dinero, fue detenido y juzgado junto con los hermanos Ramallo.

Por miedo a nuevas amenazas, aunque el caso ya estaba cerrado, Emma se quedó en el departamento de Garmendia, para felicidad de él y reconciliación de los dos.

Las amenazas desaparecieron.

Los que entraron en la casa de la madre de Emma y los autores de los mensajes al correo de la fiscal, no fueron encontrados, la carta no contenía huellas, muy prudentes los mensajeros usaron guantes. La sospecha cayó en los abogados del estudio Sanguinetti, pero sin pruebas no se logró acusarlos, ese tema quedó sin resolver.