Los
alumnos del taller de dibujo y pintura esperaban, algunos conversaban
tranquilos, otros miraban el reloj, habían pasado quince minutos de la primera
hora de clase, ni la modelo, ni el profesor aparecían.
Una hora
después, ya algunos se habían retirado se presentó Raúl, pálido, desencajado.
Quedó de
pie frente a los alumnos, hasta que mirando a uno por uno dijo:
-Ha
muerto Doris…
Un
murmullo de labios apretados creció en el ambiente.
—¿Qué
pasó…? —Preguntó uno de los alumnos.
—No lo sé
—la respuesta se confundió con un sollozo— como no asistió al taller, la llamé
al celular, no atendió, llamé a la hermana y me dijo que apareció mal herida en
la estación de Coghlan… la encontró un cartonero que pasaba y que corrió al
hospital Pirovano para avisar, llamaron a la policía y no sé más… el taller se
va a cerrar por varios días…
Garmendia
y Carmona estudiaban los detalles que les entregó la mujer policía que fue la
primera en llegar a la estación de trenes, el reporte decía; Encontré a la
joven sin sentido y muy golpeada, minutos después llegó la ambulancia, horas
después la joven, falleció debido a los golpes sufridos.
-¿Cómo
llegó a la estación y nadie vio nada?-preguntó
Carmona.
--Es una
estación con poco movimiento y alguien la estaba esperando -Garmendia comenzó a
dar vueltas y pensando en voz alta- ella sale del taller de Galíndez a las
21,00hs, caminó hasta Retiro, son pocas cuadras, y de allí no se sabe nada de
ella...
-Trabajaba
en la escuela de arte, con el pintor Galíndez y ¿dónde más?
-Según la
hermana: modelaba en dos talleres de dibujo y pintura, hasta hace un mes modeló
con un tipo que realizaba desnudos en acuarela, dejó porque no le pagaba y
siempre discutían, vamos a tener que visitar a todos y ver dónde encontramos la
punta del ovillo.
Garmendia
encontró el primer taller cerrado y con una cinta negra en la puerta. Un vecino
le dio la dirección de Raúl, el encargado y profesor, vivía en una casa cercana
al taller.
Raúl se
notaba muy apenado y sin ganas de hablar, tendría unos cincuenta años y no
podía creer lo sucedido.
Le dijo
que Doris era una joven amable y responsable en su trabajo, no le conocía novio
ni amoríos y que era poco conversadora y todos los alumnos la apreciaban.
Acompañó
a Pedro hasta la puerta y recordó algo que al detective le pareció interesante.
Doris solía comentar el mal humor y mal trato de un pintor con el que
trabajaba, pero no le dijo a Raúl quién era, a pesar que varias veces le
recomendó que lo dejara.
En el
segundo taller la profesora Marquesini fue muy parca en sus respuestas, la
presentó a la modelo como muy cumplidora en su trabajo, pero poco amable con el
alumnado.
-Es que
tenía que serlo, todos se enamoraban de ella – la que habló así fue una joven
que se acercó a participar de la conversación.
-¿Usted
quién es? -preguntó Garmendia.
-Clara
Ríos soy profesora en este taller, Doris era muy bonita y los chicos y los no
tan chicos se enamoraban de ella…es muy triste lo que ha pasado.
-¿Alguna
de ustedes era amiga de ella?
Las miró
a los ojos esperando ver sus reacciones, nada sucedió los dos negaron tener
amistad con Doris.
-Éramos
compañeras de trabajo -dijo Marquesini -Doris no daba lugar para amistades.
-¿Le
parecía antipática? -Preguntó Pedro.
-Antipática
no, solo muy reservada, era como si esquivara las preguntas personales.
Clara
aprobó sus palabras con un movimiento de cabeza.
Garmendia
se despidió y salió pensando que la punta del hilo que desenredara la trama del
crimen no aparecía, tal vez Carmona tuviera más suerte.
Esa tarde
se encontraron los investigadores en el bar del gallego, pidieron cervezas,
cada uno traía su decepción a cuestas.
-Nada que
sea interesante -exclamó Carmona- en un rato voy a visitar a Galíndez.
Galíndez
vivía sobre la calle Arroyo, un barrio muy elegante para el taller de un pintor
desconocido, él lo recibió amablemente. Mientras el pintor preparaba café,
Carmona recorría los cuadros, fascinado ante tanto arte no pudo evitar decirle:
-Que
buenas pinturas, ¿se especializa en retratos?
-Así es,
me alegra que le guste.
Señalando
varios retratos de bellas modelos Carmona preguntó:
-¿Cuál de
ellas es Doris?
Galíndez
retiró la tela blanca de un retrato sin terminar y dijo:
-Ella es
Doris.
Carmona
quedó admirado por la belleza de la joven y la calidad del retrato.
-Era
Hermosa – dijo en un susurro.
-Hermosa
y tonta, se metía con tipos que no la merecían, se lo dije varias veces, ese
fulano es un vividor, te mereces otra cosa, pero ella no me hacía caso…
Las
últimas palabras las dijo con tanta tristeza que la voz se le ahogo en la
garganta.
-¿Sabe
quién era o al menos el nombre…?
-Si se
llama Juan Pablo Castillo y tengo una foto que ella olvidó donde están los dos,
ella siempre hablaba que pasaba los fines de semana con él en su departamento
de Olivos.
Fue hasta
un mueble y sacó una foto que le entregó a Carmona.
- ¿La
puedo llevar? - Galíndez asintió.
Al
retirarse acompañado por el pintor, Carmona insistió:
-¿No
recuerda algo más que pueda ser interesante para la investigación?
El pintor
negó con la cabeza, Carmona le entregó una tarjeta con su celular y se fue.
Carmona
salió pensado y hablando solo.
-Veremos
a ese noviecito… no me resulta muy agradable, hay que averiguar quién es y
visitarlo.
No fue
difícil, Castillo tenía algunas entradas por robo y su dirección que estaba en
el sistema, combinaba con las palabras de Galindez; vivía en Olivos.
Fueron a
visitarlo.
Llegaron
los dos detectives, pidieron por el portero eléctrico y una voz grave
respondió. No les abrió la puerta, y en pocos minutos bajó. La apariencia del
joven era desagradable, su ropa daba la impresión de llevarla por semanas y
hasta de dormir con ella, barbudo y con los ojos enrojecidos, era deprimente
mirarlo. Fueron a un bar cercano y Garmendia le pidió que les dijera su
relación con Doris.
-No era
nada más que un amorío de poco tiempo, no la conocí bien, no sé qué decirles.
-Una
relación de fin de semana durante casi un año… no es un amorío, trate de ser
sincero sino le va a ir mal.
La voz de
Garmendia fue cortante y su mirada dura no le dejó tiempo a Castillo de seguir
mintiendo.
-Es que
ella era pesada, quería una relación seria y a mí eso no me interesaba, seguía
con ella porque siempre me salvaba de mis problemas con el juego.
Los miró
uno a uno y dijo:
-Estoy
amenazado, debo mucho dinero y no sé cómo salir de este atolladero, Doris me
daba dinero y con eso los calmaba por semanas, luego comenzaban las amenazas de
nuevo.
Carmona
lo miró con asco.
-No te
daba vergüenza vivir a costa de una piba.
Castillo
bajó la cabeza, se revolvió el pelo con las manos y sin entender su culpa le
respondió:
-Es que
el juego es una enfermedad, no puedo salir del pozo en que estoy metido, dos
matones vinieron la semana pasada, se metieron en mi departamento, uno de
ellos, me amenazó con una navaja, Doris le hizo frente y le arrojó la taza de
café caliente en la cara, el tipo enfureció y la agarró del cuello, el otro le
dijo que la dejara, que no se metiera en problemas, la soltó y gritando
amenazas se fueron.
Garmendia
y Carmona se miraron, fue Pedro quién preguntó:
-¿Quiénes
son esos tipos?
- No sé
sus nombres, solo sé que trabajan con Quintana el dueño del bar “El chamuyo”.
Quintana
no solo era el dueño del bar, era prestamista y el dueño de varias casas de
juego diseminadas en la ciudad. Su fama era la de un matón asesino que siempre
había salido libre de las denuncias que caían sobre él, debido a sus amistades
con la mafia y la política.
Garmendia
debió buscar la ayuda del “Tarta” un informante que siempre aportaba buenas
noticias en los momentos que todo resultaba oscuro.
El
“Tarta” le comunicó a Pedro que se había corrido la voz, de que una joven
desconocida había enfrentado a los matones de Quintana y que, a uno de ellos le
había arrojado café caliente en la cara. El asunto resultó cómico para
Quintana, no hubo represalias contra la chica.
Pero el
matón apellidado Sardino comentó entre sus compañeros que se la iba a cobrar.
Investigar al matón no fue difícil, pero el día de la muerte de Doris estaba en
Bragado, su pueblo natal, la coartada fue confirmada por varios comerciantes de
la ciudad. Volvían a cero con la investigación.
Algo les
había quedado en el olvido a los detectives. El pintor de desnudos. Lo buscaron
y lo encontraron en un viejo departamento del barrio de once. Era un hombre
robusto, pelo ralo, largo y rubio, mirada esquiva, pero nada aportó que
resultara interesante a la investigación, dijo que Doris era de muy mal
carácter y siempre quería cobrar más de lo que se merecía, un día discutieron
por dinero y no volvió más.
Antes de
salir, algo llamó la atención de Carmona, una acuarela, replica de una foto,
representaba una plaza, en su centro sobre un monumento se erguía un caballo
tamaño natural. Carmona preguntó:
-Qué
bonito cuadro ¿Qué representa?
-Es un
monumento al caballo, está en la plaza de mi pueblo natal, en Bragado.
Los
detectives se miraron de reojo y salieron tranquilos.
No les
costó mucho averiguar que el apellido del pintor y el matón era el mismo:
Sardino. Eran hermanos.
Visitaron
nuevamente al pintor Sardino y como era de esperar negó toda participación en
la golpiza que recibió Doris.
-Sin embargo,
señor Sardino, un cartonero dijo ver a un hombre de pelo rubio y largo,
discutir con una chica en la estación de Coghlan y que luego la golpeó hasta
dejarla inconciente en el suelo…las señas que aportó el cartonero dan justo con
su perfil -Garmendia hablaba tranquilo, notó que el pintor transpiraba- ¿va a
negar que fue usted?
Sardino
comenzó a tartamudear, su seguridad de antes había desaparecido.
-Diga la
verdad y el juez va a contemplar su situación ¿Fue obligado por su hermano?
Agachó la
cabeza.
-Me
amenazó, yo debía dinero de las apuestas a Quintana y mi hermano me dijo que
saldaría toda mi deuda si le daba una paliza a la piba… pero se me fue la mano…
Garmendia
debió contener a Carmona que se había puesto rojo de indignación. Pidieron un móvil
policial.
Llegaron
los uniformados le pusieron las esposas y mientras salían Garmendia exclamó,
esperemos que al juez también se le vaya la mano al condenarlo.
Ya en la
oficina y mientras bebían una cerveza helada, Carmona preguntó:
-¿Cuándo
el cartonero dijo que vio a un hombre golpear a una joven?
-No sé,
me pareció que lo escuché o lo soñé… no me acuerdo bien.
Carmona
movió la cabeza y respondió:
-¡No
cambias más…!

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