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lunes, 8 de junio de 2026

La señora Carmela.


 

 

La fiscal Suarez estaba furiosa, el disgusto le brotaba por los ojos cuando dijo:

—Esa mujer es el mismo diablo, detrás de esa personita dulce se esconde una asesina.

Emma daba vueltas en la oficina de Garmendia agitando los brazos y con la cara roja de ira.

Carmona la miraba divertido. Garmendia intentó apaciguar su enojo.

—Emma tranquilízate, vamos a investigar y tal vez las cosas no son tan terribles como las imaginas.

—No imagino, he visto los documentos que le hizo firmar a Soledad antes de morir, fue todo premeditado y ahora las hermanas han quedado en la calle, Soledad era amiga de mi madre durante años, la conocí bien, nunca le hubiera hecho algo tan sucio a sus hermanas, fue engañada y quién sabe con qué patraña.

Carmona pareció interesarse en el tema.

—¿De qué murió la señora Soledad?

—Eso también me preocupa —dijo Emma— Soledad era diabética, pero sabía cuidarse, se medicaba bajo control médico, nunca fue descuidada con su salud, no puede ser que de la noche a la mañana…haya aparecido muerta.

—¿Se hizo autopsia? —insistió Carmona.

—No. La señora Carmela se negó y el doctor que vino con la ambulancia, aceptó sus palabras, las hermanas estaban tan aturdidas que aceptaron que ella decidiera no hacer la autopsia por respeto a la persona, no fue respeto —dijo Emma con ironía—fue cálculo.

Garmendia se puso serio, intentaba entender el planteamiento de Emma y nada le quedaba claro.

—A ver si entiendo lo que sucedió: Soledad y sus dos hermanas vivían en la casa de la calle Serrano en Palermo, esa vivienda perteneció a los padres. Ellos la pusieron a nombre de la mayor, Soledad muere y allí aparece la señora Carmela diciendo que Soledad le dejó esa casa… con documentos firmados ante escribano público y vos decís que eso es imposible, que nunca hubiera dejado a sus hermanas en la calle —Pedro respiró hondo y prosiguió— tus dudas nacen de que esta señora no te parece confiable, ¿por qué?

Emma suspiró y le dijo:

—Carmela se metió en la casa con cara de buena vecina que quiere ayudar, con la intención de cuidar a Soledad, lo hizo por un año, diciendo que había sido enfermera en el hospital clínicas, averigüé y ella nunca trabajó allí, para completar las mentiras les dijo que tenía conocimiento de cocina para diabéticos, que hizo cursos en la clínica del Dr Castelli, eso falta investigarlo.

—¿Y por qué mentiría? —Carmona miraba a los ojos a Emma tratando de entender el sentido de tanto enojo —es una anciana agradable, no da apariencia de asesina…

Emma alzó los brazos y respondió:

—¡¡Carmona no seas inocente!! Entre ella y el escribano quieren esa propiedad, si la venden se salvan de por vida, es pleno Palermo, uno de los barrios más caros de la ciudad.

Quedaron los tres en silencio, cada uno con su pensamiento, tratando de razonar.

Garmendia fue el primero en hablar.

—Vamos a ver, Emma y yo vamos a visitar al médico de cabecera de Soledad, según lo que él nos diga pediremos al juez la exhumación del cuerpo, así sabremos de qué murió Soledad, Carmona vas a investigar a la señora Carmela y al escribano, manos a la obra...

Carmona investigó en varios hospitales y clínicas de la ciudad, la señora Carmela Calabrese no figuraba en el historial de enfermeras de ninguno de ellos, tampoco las escuelas de enfermería la habían contado entre su alumnado. Las dudas de Emma se estaban confirmando. Carmona visitó la escuela de cocina del Dr. Castelli, Carmela no participó en ningún curso para diabéticos, sus títulos de cocina eran falsos. El historial del escribano fue más oscuro. Trabajó en varios estudios de abogados como asesor y en todos lo habían dejado cesante, la respuesta en todos ellos fue que el escribano Martínez resultó ser un estafador. Una entrada en la policía por adulterar documentos completó la investigación. Carmela y Escribano con legajos turbios y confirmados.

Cuando la fiscal y Garmendia hablaron con el médico que atendía a Soledad y le dijeron que estaban investigando la muerte de su paciente, el profesional se mostró asombrado, Soledad tenía una diabetes tipo 2, controlada, era muy cuidadosa con su enfermedad. Explicaron al especialista sus dudas y que necesitaban una conformidad médica para que el juez firme una orden y exhumar el cuerpo. Con los papeles firmados por el médico fueron a ver al juez Batastini.

Obtuvieron la orden, el juez se interesó en el caso, ya que conocía el historial de Carmela Calabrese, se les había escapado muchas veces con artilugios de sus abogados.

El legajo policial de la señora Calabrese era rico en estafas y robos, los últimos años se encontraba retiraba del delito, pero por lo visto en sus setenta y cinco había reincidido.

El resultado de la autopsia rebeló un exceso de glucosa en sangre que dañó y obstruyó los vasos sanguíneos, eso elevó drásticamente el riesgo y Soledad sufrió un infarto del miocardio que provocó su muerte instantánea.

Fueron las dos hermanas de Soledad las que dieron la pista sobre como Carmela atiborró a Soledad de dulces y carbohidratos.

—Sole no nos hacía caso, nos decía que nosotros no sabíamos nada, que Carmela era enfermera y conocía las formas de amasar pan y masitas sin harina de trigo, ni azúcar —Nilda la menor de las hermanas hablaba y lloraba— esa mujer la tenía engatusada.

Una sonrisa pobre, rota por los bordes surgió en la cara de Nilda.

Emma trató de calmarla y le dijo que pronto, Carmela iba a recibir su castigo.

Y lo recibió.

Con los informes de la autopsia, Carmela fue detenida, juzgada y penada a quince años, tuvo la suerte que por su edad recibió condena domiciliaria. El escribano no tuvo tanta suerte fue condenado a diez años en el Complejo Penitenciario de Batán.

La donación de la casa fue considerada nula, fue delito bajo coacción.

Las hermanas de Soledad recuperaron su vida de antes, solo que faltaba en el hogar la hermana mayor que era la que dirigía todo y el alma de la casa.

 

—Tenías razón Emma —dijo Carmona— pero te juro que cuando te vi tan enojada por la muerte de Soledad, me pareciste una exagerada, ahora comprendo que tenías razón —sonrió—parecías una loca.

Emma no hizo caso de Carmona, tomó a los dos detectives del brazo los invitó al bar del gallego, les hacía falta una cerveza bien helada. Se fueron los tres del brazo calle arriba.

 

 

 

 


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