La
llamada del jefe Mariani puso a Garmendia nervioso, cada vez que pedía que
fuera a su oficina, era problema en puerta.
Carmona
recién llegaba de Pilar e intentaba contarle a Pedro, el caso que había
investigado y no pudo hacerlo, el jefe los apuraba.
Mariani
los recibió con café, era raro en él esa amabilidad. Los invitó a tomar asiento
y soltó el rollo:
—Tenemos
un caso difícil…el ministro Fontana me pidió que fuera a verlo, allí me enteré
cuál era su preocupación, algo grave le sucede a su hermano Santiago y quiere
que lo solucionemos —hizo silencio buscando las palabras adecuadas— resulta que…
Santiago Fontana compró un caserón antiguo en Villa Ballester, uno de los pocos
que quedan en ese barrio…y…hay fantasmas…—la voz sonó filosa como un vidrio
roto.
Pedro y
Carmona observaron al jefe en silencio, se miraron conteniendo la risa, al fin
fue Garmendia quien habló:
—Mariani
yo lo respeto a usted, pero nos mandó hace unos meses a su pueblo y nos
encontramos con árboles endemoniados, luchamos con ellos y salimos airosos por
gracia de Dios, pero fantasmas, ya es demasiado.
Se puso
de pie, Carmona lo siguió y salieron de la oficina de Mariani a paso redoblado.
El jefe fue tras ellos:
—¡Un
momento! Son ordenes de arriba.
—¿Arriba
de qué? —preguntó Carmona con fastidio.
—¡De Moreno
1550! —la voz de Mariani fue un chillido.
Los
detectives se miraron, fue Garmendia el que dijo:
—¿Adónde
hay que ir?
2)
El
caserón era antiguo, en sus tiempos debió ser una mansión muy elegante, pero los
años y el abandono lo mostraban como a un viejo patriarca venido a menos.
Los
recibió Santiago Fontana, recorrieron las habitaciones, quedaban pocos muebles.
En la biblioteca, habían dejado una bella pintura al óleo, era el retrato de
una mujer, morena con ojos muy claros y vestida de azul, a la usanza del 1900,
Garmendia sintió un estremecimiento al observarla, quedó impactado ante tal
belleza, preguntó quién era y Fontana no supo decirle, debe ser un familiar del
primer habitante de esta casa, no tiene autor, solo la fecha 1902— respondió.
Fontana
no le dio importancia a la pregunta de Pedro, siguió hablando de lo que a él importaba;
la situación que estaba viviendo.
—Me quise
quedar a dormir y fue imposible, durante la noche se escuchan corridas en la
escalera, gritos ahogados y alguien cambia las cosas de lugar, los vecinos
dicen que aquí hay fantasmas desde hace años —hablaba con temblor en la voz,
Garmendia comprendió que el temor era real.
Carmona
observaba, golpeaba las paredes buscando algún sonido hueco y nada aparecía,
estaba seguro de que esos fantasmas eran de carne y hueso.
—En estas
casas antiguas suele haber, paredes dobles con molduras en muebles que al empujarlos
dejan paso a una habitación escondida —dijo Carmona.
—Lo he
revisado todo y nada encontré —la voz de Fontana sonada insegura— tal vez
ustedes tengan más suerte y hallen algún pasadizo secreto, por algún lado
entran, yo no creo en fantasmas, pero....
Fontana
era un tipo normal, nada en él, daba la idea de ser un fabulador. Los detectives
decidieron que esos vecinos que hablaban de fantasmas, tal vez les dijeran algo
importante. Decidieron visitar un viejo almacén y la ferretería, lugares
antiguos del barrio y que sus dueños sabían vida y obra de cada familia. El
resultado fue peor o mejor, no sabían qué pensar.
La
historia, era casi increíble. Esa casa perteneció a un coronel del ejército de
apellido Antunez, nadie recordaba el nombre de pila, el personaje en cuestión pertenecía
a una Logia Masónica llamada: “Unión del Plata N°1”. Fue el coronel quien edificó
la casona a fines del siglo XIX, eran varios los vecinos pertenecientes a esa
Logia y juntos construyeron túneles por los que se conectaban para sus
reuniones secretas. Esa era la leyenda, cierta o no, nadie lo sabía, los
túneles no se habían encontrado.
—Quiere
decir —dijo Garmendia— que, si hay túneles, debe haber una puerta de entrada a
la casa, tal vez buscamos adentro lo que está afuera.
Recorrieron
cada detalle de la casa y nada encontraron.
Hasta que
Garmendia observó que el gran parque que rodeaba la casona ocupaba casi media
manzana, los detectives se separaron para recorrerlo, Pedro siguió curioso unas
antiguas palmeras que seguían una línea como marcando un camino y terminaban en
una de las paredes, allí existía una caseta, era un pequeño galpón de
herramientas de jardín. Llamó a Carmona, lo abrieron, encontraron algo raro en
semejante lugar; una alfombra.
Al
levantarla una puerta trampa apareció ante ellos y una escalera de hierro angosta,
bajaba y se perdía, Carmona iluminó con su celular y el panorama ante sus ojos
era de película de terror. Oscuridad total.
—Bajo yo
solo —dijo Garmendia— ante un peligro, grito y llama al 911.
3
La negrura
apenas se quebraba con la luz del celular, parecía un depósito de muebles
viejos, la pared recubierta de ladrillos dejaba ver telarañas por todos lados.
No era un sótano, era un túnel. El piso de tierra mostraba huellas de
zapatillas de tenis, ese túnel debía tener la edad de la casa, difícilmente
esas huellas pertenecían a los antiguos habitantes. El pasaje era largo, Pedro lo
recorrió durante varios minutos, parecía no tener fin, solo halló una mesa con diarios
ya amarillos, en uno se leía con claridad; 16 de julio 1934. Decidió salir. Los
fantasmas salían por la caseta y entraban a la casa por la ventana del baño, que
vieja por los años, se abría con un simple golpe.
Avisaron
a las autoridades, que ellos se ocuparan de ver hasta dónde iba ese túnel, por
el momento lo mejor sería trabar la puerta trampa.
A partir
de allí los fantasmas desaparecieron. ¿Cuál era el motivo de asustar al nuevo
dueño? Volvieron a visitar a los vecinos
que les habían dado la pista de los túneles, pero ellos, nada pudieron aportar.
Una
anciana que llevaba 60 años viviendo frente a la casona fue la que abrió la
puerta del misterio.
—Esa casa,
pasó por varios dueños, en los últimos años la quiso comprar varias veces el Chino
Salgado y el propietario no la quiso vender.
—¿Por qué?
—preguntó Carmona.
—Dicen en
el barrio que Salgado es el líder de una banda de traficantes de zona norte,
eso se dice, nadie tiene pruebas y el dueño se negó a venderla.
—Entonces
los túneles existen y abarcan varias manzanas— dijo Pedro— Salgado es conocedor
del tema, eso le vendría muy bien para su organización y creyó que aterrorizando
al nuevo dueño sería muy fácil que le vendiera la casona.
—Exacto, era
pan comido —exclamó la anciana.
4
Debieron
sellar con concreto la entrada al túnel.
—Deben
existir más túneles, las viejas casas que quedan, guardar sus misterios y sus
comunicaciones por esos pasadizos oscuros —dijo Pedro— Ya solucionamos el tema
de los fantasmas que asustaban a Fontana, ahora serán las autoridades
competentes que investiguen, ese tema ya no es nuestro.
Carmona
asintió, el tema no le resultaba agradable, así que con una sonrisa se preparó
para irse.
Pero
Garmendia volvió a la casa, algo lo perturbaba, había quedado impactado con la
pintura que había visto en la biblioteca y que fue la única que se conservó del
antiguo esplendor de esa vieja casona, la mujer que sonreía desde la tela era
tan real que lo había deslumbrado, Pedro subió las escaleras lentamente, llegó
ante la imagen y quedó unos segundos admirando la belleza de esa desconocida. Sus
ojos parecían tener vida. Giró para irse y se detuvo en seco, frente a él cruzó
una dama con un vestido azul era la mujer del cuadro, el corazón de Pedro golpeaba
como un tambor, las piernas se le volvieron de cartón y una transpiración
helada le bajó por la espalda, no lograba moverse, ella pasó frente a él y
salió por una puerta sin verlo y Garmendia quedó clavado en el piso. Al entrar
Carmona, verlo tan quieto y tembloroso mirando el hueco de la puerta le
preguntó:
—¿Qué te
pasa Pedro, estás blanco?
No pudo
responder, la voz se le ahogaba en la garganta.
—Vamos,
tranquilo… —exclamó Carmona, comprendiendo que a su compañero le estaba pasando
algo serio — fue un día muy largo y Emma te está esperando. Carmona decidió que
era mejor que Garmendia no manejara, no le gustó la palidez de su cara,
regresaron a la oficina sin cruzar palabra, ya tendría tiempo para contarle a
su compañero la experiencia vivida.
A partir
de ese momento las noches para Santiago Fontana fueron tranquilas, los
fantasmas habían desaparecido, al menos eso creía...
“Les
cuento que esta historia nació después de leer que en V. Ballester se
descubrieron túneles muy antiguos, que cruzan la ciudad y no se conoce el
origen, estaban señalados por las palmeras de la plaza Roca.”

¡Primero en comentar!
ResponderEliminarMe gusta la inspiración.
Con lo de los árboles, queda el margen para lo sobrenatural.
Para ser desplazado en parte, por los túneles ocultos, obra de una Logia Masónica, algo propicio para la literartura.
La organización del Chino Salgado era más inquietente que los fantasmas. Por lo que Gramendia y Carmona estuvieron más que satisfechos de irse.
Pero podria ser que los fantasmas de la casa estuvieran en alerta, no deseando el destino que podía darsele a esa propiedad antigua. Por eso la aparición de la dama que fascinó a Garmendia.
Pero lo espera Emma, la bella fiscal, con la que tiene una historia.
Un abrazo.
Hola Demiurgo. He quedado deslumbrada con esos túneles que caminan bajo Ballester, según dicen pertenecieron a un misterio que se debate entre los masones y los alemanes que vivieron y viven en Ballester, yo le agregue mi cuota de fantasía. Gracias Por leer y comentar siempre. Abrazo.
Eliminarmariarosa.
Hola, mi querida Mariarosa, esta vez Carmona topo con fantasmas, tuneles y misterios de Villa Ballester, y parece que algo de historia real hay detras de todo esto... que apasionante y hasta una dama que sale de un cuadro. Me queda la duda de quien era realmente esa mujer de vestido azul. Como siempre, tus detectives terminaron metidos en un buen misterio. Un saludin y feliz inicio de semana!
ResponderEliminarHola Hadita, mis fantasías hoy se encontraron con un tema real y lo he útilizado para entretener. Los detectives han tenido que entrar en tuneles antiguos y resolver una historia que fue y otros han querido volver a aprovechar. Literatura fantastica que nació solita, gracias a un estudio de esos túneles.
EliminarBesos Hadita y gracias por tu compañía.
mariarosa.
Hola Mariarosa, que buen relato lograste inspirada en esos túneles que comentas. Parece que antes solían usarlos, las historias de antaño narran que acá en Lima habían tu eles de la época colonial que unían palacio de gobierno con otros lugares.
ResponderEliminarUn abrazo!
Cecilia: en la capital existen también túneles y hoy se los usa como medio turistico, pero los de V:Ballester son nuevos y no se sabe desde dónde y hacía dónde van. Pero con ellos trate de llevar a Garmendia y Carmona a un lugar diferente que interese al lector. Me alegra que te haya gustado y gracias como siempre poe leer y comentar.
Eliminarmariarosa
Bonjour moi j'adore en découvrant j'aime tout ce qui est un peut style fantome maison hanté bonne journée je vais m'abonner
ResponderEliminarGracias Jean Marie, me alegra lo que dices de las casas misteriosas y que el cuento te haya gustado. Saludos.
Eliminarmariarosa.
Muy buena atmósfera. El detalle del cuadro de 1902 y los túneles de Villa Ballester le dan un toque de misterio histórico genial. Lo malo es que el final te deja con la intriga de saber si Garmendia se atreverá alguna vez a contarle a Carmona lo que vio en esa planta... o no.
ResponderEliminarSaludos Insolentes!!
Gracias por pasar a leer y que te haya gustado la historia y su contexto, nunca vi un fantasma, pero creo que si lo viera, quedaría mucho tiempo sin contarselo a nadie por miedo a que me consideraran loca. En algunos cuentos algunos detalles se comentan en los relatos siguientes.
EliminarSaludos.
Has ambientado deliciosamente el relato. Me gustó.
ResponderEliminarSaludos
Gracias Eugenia, estas historias a veces salen bien y otras no tanto. La leyenda de los túneles me gustó y la traslade a el policial. Me alegra que te haya gustado.
Eliminarmariarosa